Guía a la elección de los electrodomésticos encastre
Lavavajillas - Qué considerar
1. Los sistemas de seguridad
El sistema Waterblock total
detecta a través de un sensor incluso la mínima pérdida de agua de la cuba. Ésta se recoge en una cuba suplementaria, activando así una válvula de seguridad ubicada sobre la llave de paso, que bloquea el suministro de agua.
El sistema Watercontrol
está constituido por una vaina de protección alrededor del tubo de carga y una válvula de seguridad: en caso de ruptura del tubo, el agua fluye en la vaina exterior actuando así sobre la válvula, que corta la salida de agua.
El sistema antidesbordamiento Doble antioverflow
está constituido por un presostato que controla la cantidad de agua cargada en la cuba y, en caso de exceso, actúa sobre la válvula de seguridad. La válvula de seguridad es de restablecimiento automático, por lo tanto es capaz de reanudar de forma automática el ciclo de lavado sin la intervención de la asistencia técnica.
2. Ecología. La etiqueta energética
La sección de lavado se encuentra dentro de las clasificaciones europeas de eficiencia en lo relativo a las prestaciones de los electrodomésticos. Las clases de eficiencia indicadas preveen tres aplicaciones: los consumos energéticos, la eficacia de lavado y la eficacia de secado. Los consumos energéticos están relacionados con el ciclo de lavado indicado por el fabricante. La eficacia de lavado se calcula sobre unos parámetros que identifican el resultado con respecto a una cantidad prefijada de vajillas y de suciedad para el mismo ciclo de lavado. La eficacia de secado verifica la calidad del resultado de secado conseguido. La etiqueta que la empresa productora pone sobre el lavavajillas indica, además de las clases de eficiencia, también el consumo de agua y el nivel de ruido.
Los modelos de lavavajillas de clase A consiguen una reducción de los consumos del 30% con respecto a una máquina tradicional. Además, el nuevo circuito hidráulico, con contador de litros electrónico, limita los consumos de agua a sólo 14 litros, frente a los 20 litros de un lavavajillas tradicional.
3. Un truco empírico para el acero
¿Cuándo se puede hablar de acero inoxidable?
Gracias a su higienicidad el acero se emplea mucho en las cocinas, para construir encimeras y fregaderos y también contenedores y sartenes. La naturaleza inoxidable de este material, resistente a la corrosión y a diferentes agentes químicos es debida a una fuerte presencia de cromo en su composición.
Para qué se pueda definir de esta manera, sin embargo, un acero tiene que contener por lo menos el 12% de cromo. Los aceros más extendidos son los llamados 18/10, una sigla que explica su composición: 18% de cromo, 10% de níquel.
Para comprobar de forma empírica la calidad del acero presente en nuestras cocinas, nos podemos olvidar tranquilamente de las etiquetas, fichas del producto o análisis de laboratorio. Bastará con acercar al material un imán. Un acero de calidad no atrae el imán, porque una de sus propiedades es la de no ser para nada magnético. Una eventual atracción indicaría la presencia de hierro y, por tanto, los peligros de formación de óxido a largo plazo.